lunes, 7 de enero de 2013

HERMIDA SOBREACTUA ANTE UN REY EN JAQUE







A raíz de la entrevista televisiva realizada por Jesús Hermida al rey Juan Carlos con motivo de su 75 aniversario, el hasta ahora respetado y admirado, periodista coronó con un broche, y no precisamente de oro, su larga y exitosa carrera profesional. A los hechos me remito y videos hay que lo demuestran: Hermida se dedicó a jalear al rey dándole como ganador de una partida de ajedrez en la que tanto su familia, como sus cacerías, su baja aceptación popular y su delicada salud, lo mantienen en un contínuo jaque.


Una elección desacertada

Si bien por currículum y por experiencia, Hermida era el candidato ideal para la entrevista (que él mismo solicitó), su estilo engolado, sobreactuado y esperpéntico demostraron que no era capaz de actuar con el respeto que por protocolo merecía el entrevistado  sin  incurrir en una empalagosa servidumbre.
Es de sobra conocida la proclividad del señor Hermida al derroche de gestos afectados y vacua palabrería tanto si el entrevistado es un astronauta, un premio Nobel o una tonadillera. Fue por ello que su elección como entrevistador en esta ocasión no haya sido acertada habida cuenta de la rancia pleitesía que en todo momento prodigó y que contrastaba con la mala educación (para muchos ‘campechanía’) del rey al tutearle mientras el veterano presentador se deshacía en reverenciosos cabezazos de asentimiento y sumisión.


Entrevista pactada y censurada

Fue una lástima que Jesús Hermida dejara de lado temas y omitiera preguntas que hubieran hecho las delicias de cualquier buen periodista y a los televidentes habrían encantado. Pues, aunque haya un protocolo de tratamiento establecido para los jefes de estado, éste puede ser respetado aunque se formulen preguntas como: "Majestad, cuando usted reprendió a Don Iñaki Urdangarín y le pidió que dejara sus negocios ¿por qué no lo denunció, señor, en un juzgado en lugar de recomendarle viajar al extranjero?”, o: “¿Qué opina Vuestra Majestad de que la institución monárquica haya descendido tanto en aceptación popular?” y ya por último: “¿Es usted partidario, señor, de la política de recortes que están sufriendo los españoles?”


¿Mejor con otro entrevistador?

Está claro que si Hermida no le hizo al rey éstas ni otras preguntas digamos ‘comprometidas’, fue porque no se lo permitieron, como tampoco se lo habrían permitido a otros periodistas como Iñaki Gabilondo o Ana Pastor por poner dos ejemplos. Sin embargo, la diferencia entre el primero y los otros dos podríamos hallarla en que un periodista ‘de verdad’ nunca se habría mostrado servil a pesar de las limitaciones impuestas por el guión, no habría pronunciado ocho veces la palabra “señor” y trece veces “majestad” en solo veinte preguntas como hizo Jesús Hermida e incluso puede que no hubieran aceptado hacer la entrevista si la censura previa hubiera sido tan férrea.

Colofón patético
No me cabe la menor duda de que el señor Hermida, cegado por el honor que se le confería al ofrecerle tan ansiada entrevista, no fue consciente del ridículo que hacía cuando tan solo interpretaba ‘su’ papel y abusaba de la mímica y esa retórica por la que es de sobra conocido, gestos verbales y no verbales que convirtió en una sumisión tan servil que podrían hacer pensar que un viejo periodista estaba tan necesitado de reconocimiento que aspiraba a culminar su carrera con un titulo nobiliario.  

Alberto Soler Montagud



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